Javier Hervada: Los eclesiasticistas ante un espectador. Tempvs otii secvndvm

Javier Hervada: Los eclesiasticistas ante un espectador. Tempvs otii secvndvm
Javier Hervada: Los eclesiasticistas ante un espectador. Tempvs otii secvndvm. Segunda edición corregida y aumentada, Navarra Gráfica Ediciones, Pamplona, 2002. [165 páginas, 371 KB. Leer]

Nota a la segunda edición

El autor de este libro llegó a la Universidad española cuando la asignatura que ahora ha sido sustituida por el Derecho Eclesiástico del Estado era el Derecho Canónico, ciencia —todo hay que decirlo— de gran tradición y con una historia científica —procedente del lejano utrumque ius y que tanto contribuyó a la formación del derecho europeo de los Estados— verdaderamente envidiable y llena de grandes figuras. Por lo tanto ganó la cátedra de Derecho Canónico y a esta ciencia dedicó sus principales esfuerzos científicos y docentes. Pero no se crea que por eso olvidó el Derecho Eclesiástico del Estado. Pertenecía a la Escuela de Lombardía y bien sabido es que el ilustre Maestro mantenía vivos y frecuentes contactos con la desaparecida Escuela Italiana, que eran canonistas pero también eclesiasticistas. En esa época en que el Derecho Eclesiástico del Estado no figuraba en los Planes de Estudio, comenzó, mayormente por vía de esos contactos, el interés de algunos canonistas españoles por esa disciplina. No todos la entendieron bien. El Prof. Ibán se ocupó en un estudio de las definiciones que de ella hacían una serie de canonistas de esa primeriza época y esas definiciones resultaban tan poco exactas que muy pocos nos salvamos de las justas críticas de Ibán (Sí, Iván, el F.H.X. de la recensión era yo como bien supusiste).

Varios dábamos Seminarios a los alumnos o incluíamos unas pocas lecciones en nuestros programas. En este sentido, y siempre a la sombra de Lombardía, me considero un precursor de la implantación del Derecho Eclesiástico del Estado, aunque mi dedicación científica al final se centrase en el Derecho Canónico y en la Filosofía del Derecho (incluyendo el estudio y publicaciones sobre derechos humanos).

No es el momento para narrar las vicisitudes históricas que llevaron a sustituir el Derecho Canónico por el Derecho Eclesiástico del Estado. El caso es que no sé si por Real Decreto o por Orden ministerial, pasé a ser catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado (de precursor pasé a protagonista), lo que me obligó a una reconversión profesional, que —no puedo negarlo— hice con poco gusto y menos entusiasmo. Pero la hice. Lo que no consiguió el Ministerio es que abandonase el Derecho Canónico y me convirtiese en eclesiasticista dedicado a la investigación, aunque siempre estuve al día de las publicaciones (manuales, monografías, artículos, etc.) de mis colegas eclesiasticistas. En este sentido me considero un eclesiasticista espectador muy bien informado. Contemplo, he hecho alguna intervención esporádica, pero sobre todo observo, enjuicio y me hago mi composición de lugar. De ahí el título el libro.

¿Y cuál es el panorama que contemplo? Creo que se pueden distinguir tres sectores de eclesiasticistas. Uno de ellos es el que podríamos llamar clásico, aunque con un buen conjunto de jóvenes valores. Son los que mantienen la concepción propia y correcta del Derecho Eclesiástico del Estado. Entre ellos están excelentes eclesiasticistas, de primera categoría científica, y me atrevería a decir los mejores, acompañados de jóvenes promesas y otros que no alcanzan esa excelencia, pero no dejan de ser autores de trabajos dignos. Hay un segundo sector, que se distingue por haber mezclado la ciencia con la ideología. Más bien diría que se han convertido en ideólogos que revisten de ciencia jurídica esa ideología, que comprende: el relativismo, el agnosticismo y el laicismo. Naturalmente esto les lleva a desvirtuar el verdadero sentido de la Constitución española; así convierten la laicidad del Estado en laicismo (con lo que transmutan el Estado Español de Estado aconfesional en Estado confesionalmente laico) con la influencia que esto tiene en sus conclusiones científicas. Nota común a este sector es su antipatía hacia la Iglesia Católica, a la que tratan de rebajar, convirtiendo el principio de igualdad en el igualitarismo. Por último, observo un tercer grupo caracterizado por haber perdido su identidad de eclesiasticistas. Por razones que no son del caso —pero creo conocerlas bien— desean cambiar la identidad del Derecho Eclesiástico del Estado, incluso dándole otro nombre. No todos postulan lo mismo, pero casi todos tienen en común querer convertir el Derecho Eclesiástico del Estado en una parte de la ciencia de los derechos humanos.

Como espectador de este panorama compuse este libro, procurando en lo posible evitar las críticas y presentar en el tono más positivo posible mi visión de los temas tratados. El caso es que el libro se agotó. Posteriormente, fue publicado en Internet y el número de lectores que ha tenido me ha animado a sustituir la informática por la imprenta, presentando esta segunda edición. A ella he añadido —a sugerencia de un colega— la ponencia que presenté en el Congreso de Segovia de la que me consta, por las citas que he visto, que a algunos sectores de eclesiasticistas les gustó; supongo que a otros no.

Por último, agradezco muy cordialmente al Prof. Jorge Otaduy, Director del «Instituto Martín de Azpilcueta», el interés con que ha acogido el proyecto de esta segunda edición.

Pamplona, a 12 de octubre de 2001

Índice

Nota a la segunda edición 13
Capítulo I. A modo de prólogo 17
Capítulo II. El motor de la historia y la libertad 21
Capítulo III. La noción de derecho eclesiástico y sus avatares 41
Capítulo IV. Libertad religiosa y relativismo 61
Capítulo V. La Iglesia está mal hecha 87
Capítulo VI. La Iglesia, ¿sociedad perfecta? 97
Capítulo VII. Libertad de pensamiento, libertad religiosa y libertad de conciencia 111
Capítulo VIII. La igualdad 137
Epílogo. Bases críticas para la construcción de la ciencia del Derecho Eclesiástico 157

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