Javier Hervada: Historia de la Ciencia del Derecho Natural

Javier Hervada: Historia de la Ciencia del Derecho Natural, tercera edición, Universidad de Navarra, Pamplona, 1996. [344 páginas, 15 MB.]

PRÓLOGO

Agotada en pocos años la edición del «Compendio de Derecho Natural», que era una versión puesta al día de las «Lecciones de Derecho Natural» de D. Miguel Sancho Izquierdo, la avanzada edad del venerado maestro ha impedido seguir la obra de colaboración, que entonces emprendí con él. Ante este evento, me ha parecido oportuno aprovechar lo que entonces escribí, reelaborarlo y editar un libro nuevo como manual de historia de la ciencia del derecho natural. No pareciéndome correcto vestirme con galas ajenas, doy nueva publicación tan sólo a los materiales míos, reordenados para exponer la evolución histórica de la ciencia del derecho natural, conforme a las dos líneas, filosófica y jurídica, que en ella pueden detectarse.

* * *

Para poner de relieve cuál es la idea central del libro, me parece oportuno señalar dos cosas.

Esta obra no es —y conviene recalcarlo: no es— una historia de la filosofía del derecho. Poco después del surgimiento del pensamiento idealista y como consecuencia del trastueque que operó Kant en la concepción del derecho natural, la filosofía jurídica y la ciencia del derecho natural comenzaron a ser entendidas como una sola disciplina, sobre todo a partir de Hegel. La expresión "filosofía del derecho o derecho natural" se ha popularizado incluso en el ámbito de la neoescolástica y del neotomismo. En otro libro —"Introducción crítica al derecho natural"— he intentado dejar clara la distinción entre ambas disciplinas y no es el momento de volver sobre ella. Me interesa, eso sí, que no queden dudas respecto al contenido del libro: no espere el lector encontrar una historia de la filosofía jurídica; seria vano que buscase aquí la evolución de esa disciplina y, en consecuencia, la exposición de autores que, siendo figuras señeras de la filosofía jurídica y política —pienso, por ejemplo, en Platón—, no han contribuido de modo significativo a la formación de la teoría del derecho natural. Encontrará, en cambio, otros autores que, casi desconocidos en filosofía jurídica, tienen alguna relevancia en el sujeto desarrollado.

No menos digno de resaltarse es otro rasgo. Este libro ha nacido en la Facultad de Derecho y en su seno encuentra su significación y sentido. Esto es, a mi juicio, importante para situarse ante la visión del derecho natural que quiere dar. Libro de jurista para juristas, podría ser su lema. No es este un libro de historia, de filosofía política que contemple la evolución de las ideas sobre la función ideal de las leyes de la naturaleza en la ordenación perfecta de la civitas, como se encuentran en un de legibus ciceroniano o en un de re publica platónico. Tampoco es un libro de historia de la moral social, ciencia que pretende conducir la conciencia de los ciudadanos. Ni la política ni la ética son el arte del derecho. El arte del derecho es algo más modesto, pero no por ello menos útil y necesario. El arte del derecho —que no el arte de legislar, función política— es, como lo ha puesto de relieve Villey, el arte del reparto justo, de dar a cada uno lo suyo, como bellamente dijera el romano y, antes, Aristóteles. Si puede hablarse, en este contexto, de derecho natural es porque hay cosas que a cada uno son debidas, no por cesión o convención humanas, sino por virtud de la naturaleza del hombre. La expresión más moderna de este universal sentir —hay cosas que le corresponden a cada uno por ser hombre, no por cesión, pacto o sentir de la sociedad— son los derechos humanos. De este derecho natural real, existente y concreto pretende hablar este libro. No, pues, de un ideal de derecho o de una idea de derecho o de una justicia ideal; esto último no es el derecho natural del que hablaron los juristas romanos ni los juristas europeos medievales y modernos hasta la deformación —nefasta por muchos títulos— que introdujo la Escuela racionalista del Derecho Natural, como tampoco es aquel del que hablaron Aristóteles o Tomás de Aquino. Ese derecho natural como idea o ideal de justicia es un producto de la filosofía idealista, de kantianos y neokantianos, los cuales, precisamente por su falta de realismo epistemológico, son especialmente poco aptos para entender el derecho natural, que es algo real, concreto y propio del hombre históricamente existente. El derecho natural del que se habla aquí es aquél del que, no para hacer teorías, sino para resolver cuestiones particulares de derecho, usaron Ulpiano, Paulo, Hermogeniano, Irnerio, Azo, Acursio, Bártolo, Baldo, Altusio, Belleperche, Jacques de Révigny, Enrique de Segusio, Juan Andrés, Vázquez de Menchaca, Gregorio López y la infinita lista de juristas, ilustres unos, ignotos otros, que durante tantos siglos construyeron e hicieron posible el derecho. Es aquel derecho natural real y concreto del que, desde el punto de vista filosófico, nadie supo hablar mejor que Aristóteles y Tomás de Aquino, precisamente porque su realismo epistemológico se lo permitió.

El derecho natural no es una teoría o una filosofía que se enfrente a otra teoría o filosofía distinta. El derecho natural es el derecho real y concreto que surge de que hay cosas que corresponden al hombre real y concreto ante los demás hombres reales y concretos, en virtud de su condición de ser humano o, desde otro punto de vista, es aquella proporción justa proveniente de la naturaleza de las cosas, que se da entre aquellas cosas que se intercambian o distribuyen en el tráfico humano. Es, pues, una parte del derecho real y concreto que rige la sociedad, el cual es en parte natural y en parte convencional o positivo. Por consiguiente, el arte del derecho natural es una parte del arte del derecho, sin el cual el jurista sólo es jurista a medias.

* * *

Puestos a hacer una historia de la ciencia del derecho natural cabían varios caminos. Entre ellos estaba el más transitado en los últimos cincuenta años: la historia-ensayo. Es el caso del neoescolástico Rommen, el relativista Welzel o el neomarxista Bloch, por citar autores de ideologías muy dispares. Ni me parece ilegítima la historia-ensayo del derecho natural, ni descarto hacerla algún día. Pero la experiencia de lector y profesor me dicta cuán difícil es —si no está basado en una obra anterior de historia detallada— escribir un libro de este tipo, sin caer en inexactitudes, a veces graves, o en saltos que dejan sin explicación coherente los hitos elegidos. Las distorsiones en las que incurren —y valga la referencia como simple ejemplo— Welzel y, todavía más, Bloch son tan clamorosas, como para preferir —al menos por ahora— un tipo de historia descriptiva, detallista, mucho menos brillante y más cansosa de leer, pero más objetiva y segura por más apegada al dato. Es cierto que, a veces —he procurado que sean muy pocas—, la exposición podrá parecer casi una lista de autores, mas esto —que suele tener mala acogida entre los especialistas— posee la ventaja de poder servir de guía y consulta a quienes empiecen a investigar la ciencia del derecho natural.

Historia descriptiva y, a la vez, breve, cosa nada fácil; confieso que el resultado es asaz imperfecto: algunos defectos me son patentes, otros los descubrirán los lectores. Con todo, pienso que ha valido la pena intentarlo, ante la escasez de obras de este tipo: lo mejor hubiese sido enemigo de lo bueno.

* * *

Si el arte del derecho es el arte de lo justo —el discernimiento entre lo justo y lo injusto—, el arte del derecho natural no es otra cosa que saber discernir las ineludibles dimensiones de justicia de la persona humana. La historia de la ciencia del derecho naturales la historia del esfuerzo del entendimiento humano por comprender lo justo inherente al hombre y a su dignidad. Asimismo, la historia de su negación es la historia de la prepotencia de unos hombres sobre otros y de la ceguera de unos pensadores y de unos juristas que no han querido o no han sabido comprender que la persona humana está por encima de ideologías, puntos de vista o valoraciones subjetivas, las cuales ¿qué valor pueden tener, si quien las sustenta no es valioso en si? Es también la historia de la huida de Dios, pero esto es ya filosofía del derecho, algo en lo que este libro no debe entrar.

Pamplona, a 25 de marzo de 1986

ÍNDICE

Prólogo13
INTRODUCCIÓN
I. Una observación de Aristóteles17
II. La dualidad en el derecho: derecho natural y derecho positivo18
III. La unidad del ordenamiento jurídico23
IV. Sentido de la palabra «naturaleza» y del término «derecho natural»26
CAPÍTULO I. LA ANTIGÜEDAD
V. Nota previa33
§ 1. La filosofía pagana
VI. Introducción37
VII. Grecia: del mito a la filosofía38
VIII. Los sofistas44
IX. Aristóteles52
X. El estoicismo62
XI. Cicerón64
XII. Séneca68
§ 2. El derecho natural en los juristas romanos
XIII. Introducción74
XIV. La terminología75
XV. Derecho común y elemento interpretativo75
XVI. Descripciones del derecho natural78
XVII. Conclusión81
§ 3. La antigüedad cristiana
XVIII. Derecho natural y cristianismo82
XIX. El Antiguo Testamento83
XX. El Nuevo Testamento. San Pablo93
XXI. La Patrística99
XXII. San Agustín102
XXIII. La vivencia de la ley natural en el cristianismo primitivo105
CAPÍTULO II. LA DOCTRINA MEDIEVAL HASTA LA ESCOLÁSTICA
§ 1. La época de transición
XXIV. La influencia cristiana en la noción de ius gentium109
XXV. La compilación justinianea111
XXVI. San Isidoro de Sevilla114
XXVII. El sistema de la utraque lex116
XXVIII. Época carolingia y escritores del siglo XI118
§ 2. Los juristas
XXIX. El nacimiento de la ciencia jurídica europea119
XXX. Irnerio120
XXXI. Graciano121
XXXII. Los glosadores123
XXXIII. Los decretistas128
XXXIV. Balance de una época137
§ 3. Los teólogos
XXXV. La Escolástica incipiente139
XXXVI. El auge de la Escolástica142
XXXVII. Los maestros seculares de la Universidad de París143
XXXVIII. Escrito anónimo sobre la ley natural144
XXXIX. Los maestros franciscanos de París145
XL. Maestros dominicos149
XLI. Filosofía islámica y judaica del Medioevo150
CAPÍTULO III. SANTO TOMÁS DE AQUINO
XLII. Introducción153
XLIII. Lo natural y lo sobrenatural153
XLIV. Fundamentos metafísicos156
XLV. Fundamentos gnoseológicos158
XLVI. La ley eterna160
XLVII. La ley natural163
1. Noción163
2. Naturaleza164
3. Contenido164
4. Cognoscibilidad166
5. Universalidad167
6. Inmutabilidad169
7. Indelebilidad170
8. Relación de la ley humana con la ley natural171
XLVIII. El derecho natural173
CAPÍTULO IV. DE LA ESCOLÁSTICA AL RENACIMIENTO
§ 1. Las postrimerías del siglo XIII
XLIX. Voluntarismo e intelectualismo175
L. La escuela franciscana media179
LI. La escuela tomista179
LII. Egidio Romano180
LIII. Juan Duns Escoto183
§ 2. Los siglos XIV y XV
LIV. Los comentadores185
LV. Los juristas británicos186
LVI. La Escolástica tardía187
LVII. Guillermo de Ockham189
LVIII. Autores nominalistas de los siglos XIV y XV191
CAPÍTULO V. EL RENACIMIENTO Y LA REFORMA
LIX. Características generales195
LX. El humanismo jurídico196
LXI. La Reforma protestante198
1. Introducción198
2. Lutero199
3. Calvino202
LXII. Melanchton205
LXIII. Los primeros tratados de derecho natural de orientación protestante208
LXIV. Otros juristas213
CAPÍTULO VI. LA ESCUELA ESPAÑOLA DEL DERECHO NATURAL
LXV. Introducción215
LXVI. Los inicios de la Segunda Escolástica216
LXVII. Francisco de Vitoria218
LXVIII. Domingo de Soto223
LXIX. Luis de Molina228
LXX. Gabriel Vázquez232
LXXI. Francisco Suárez236
LXXII. Otros teólogos243
LXXIII. Los juristas. Fernando Vázquez de Menchaca245
CAPÍTULO VII. EN LA ENCRUCIJADA DEL DERECHO NATURAL MODERNO
LXXIV. El tránsito hacia la Escuela moderna de Derecho Natural249
1. El iusnaturalismo moderno249
2. Un derecho natural separado de la teología250
3. Factores que contribuyeron a este fenómeno253
4. Una moral social254
5. Tendencias en la concepción del derecho natural255
6. Dos sistemas de normas256
7. Las propiedades esenciales del derecho natural en la visión racionalista258
8. El derecho natural como sistema de reglas lógicas259
9. Conclusión259
10. Advertencia final260
LXXV. Algunas opiniones características del iusnaturalismo moderno262
LXXVI. Hugo Grocio262
LXXVII. El derecho natural en Inglaterra y en Francia270
LXXVIII. Hobbes271
LXXIX. Spinoza276
LXXX. El derecho natural en los canonistas278
LXXXI. Los moralistas católicos279
CAPÍTULO VIII. EL APOGEO DEL DERECHO NATURAL MODERNO
LXXXII. Los maestros de la Escuela moderna del Derecho Natural281
1. Pufendorf281
2. Thomasio283
3. Wolff286
LXXXIII. Discípulos y comentadores de los maestros de la Escuela moderna288
1. Comentadores y seguidores de Grocio y Pufendorf288
2. Discípulos de Thomasio289
3. Discípulos de Wolff290
4. Italia y España291
LXXXIV. Autores independientes291
LXXXV. La oposición a la Escuela moderna293
LXXXVI. Persistencia de la doctrina anterior294
CAPÍTULO IX. KANT
LXXXVII. La filosofía de Kant297
LXXXVIII. El idealismo trascendental o critico299
LXXXIX. La teoría moral301
XC. La distinción entre moral y derecho304
XCI. La metafísica del derecho306
XCII. El derecho natural en Kant309
CAPÍTULO X. UNA ÉPOCA DE TRANSICIÓN
XCIII. Una pausa en la historia del derecho natural311
XCIV. Características del periodo decimonónico311
XCV. Los epígonos de la Escuela moderna y autores independientes en el siglo XIX314
XCVI. El krausismo315
XCVII. Resurgimiento y desarrollo de las Escuelas de orientación tradicional316
XCVIII. La ley natural en las enseñanzas de los Papas319
EPÍLOGO: DE LA HISTORIA A LA ACTUALIDAD323
Índice de nombres331

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